Los gaiteros del Obradoiro, una banda sonora por turnos
Solo los doce gaiteros de la plaza del Obradoiro conocen la grieta de la piedra en la que se esconde su «cuadrante del día». Tocan todo lo que el ayuntamiento les deja para no privar a los peregrinos de la música de Galicia
El peregrino que pone por primera vez el pie, destrozado, en Santiago de Compostela recuerda siempre la música que le dio la bienvenida al final del camino. En la esquina norte de la plaza del Obradoiro hay un pasaje con un arco de piedra desde donde el gaitero toca su instrumento. Un lugar estratégico que hace que la melodía gallega resuene en toda la plaza y guía a los bordones (bastones del peregrino) hasta el sepulcro del Apóstol.
Xoan es uno de los doce músicos que hacen turnos en el arco del palacio de Gelmírez para que la banda sonora de Santiago se prolongue como un hilo musical celta. Todos los días, sobre las siete de la mañana, los gaiteros compostelanos se reúnen en el arco de piedra para «facer o cuadrante». El orden de llegada es el que decide. Los nombres se apuntan en una hoja de papel que se guarda en una de las grietas de las rocas milenarias del arco, que solo ellos conocen. «Ha habido épocas que éramos demasiados y madrugábamos más. Yo he llegado a venir al arco a las cuatro de la madrugada para coger la vez», recuerda este gallego que lleva diez años tocando en los márgenes de la catedral.
Los turnos suelen ser de una hora y media al día y su situación está «más o menos regularizada» desde 2014. Aquel año, el ayuntamiento de la capital gallega impidió que los músicos y los artistas callejeros tocaran en la plaza. Una actividad que venía realizándose desde hace más de 30 años se interrumpió durante unos días tras las quejas por ruido del Arzobispado y del Hostal de los Reyes Católicos, próximos al arco del palacio. Se decidió entonces que los gaiteros del Obradoiro tuvieran que sacar un permiso trimestral para tocar en la vía pública. «Se ha intentado prohibir muchas veces, y otras tantas se ha dado marcha atrás. Somos de los pocos artistas que pueden tocar de forma legal en la calle. Al final, somos músicos gratis y de mucha calidad. Nadie nos paga, pero somos una atractivo cultural más de la ciudad».
Xoan vive solo de la música, de lo que la gente deja «a voluntad», pero cuenta que es común que otros compañeros compaginen la gaita «con algún otro trabajo precario en la hostelería, en talleres de artesanía o trabajando en la obra». Según dice, este verano ha habido más gente que nunca, no sabe si porque es Año Jacobeo, o porque «la gente, después del Covid, tenía unas ganas tremendas de salir de casa». En invierno, sin embargo, la cosa cambia y el grupo de gaiteros se reduce a la mitad. «Nuestro horario empieza al mediodía y nos dejan tocar hasta las nueve y media de la noche, pero igual el 1 de enero no te encuentras a nadie», afirma.
Xoan no recuerda la primera vez que presionó el odre del instrumento. «Metiéronme desde pequeniño en el conservatorio». De momento, no se plantea vivir de cualquier otro oficio. «Lo que tiene la gaita, y pasa más que con otros instrumentos, es que se te nota si estás animado, melancólico o has dormido mal. Lo ves por la reacción del que te escucha. Hay veces que la gente se viene arriba y te piden temas de Metallica. Un grupo de catalanes me pidieron ‘Els Segadors’, me grabaron con el móvil y lo convirtieron en viral en Twitter. Me dio muchísima vergüenza. Aquí se tocan canciones tradicionales gallegas».
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