sábado, 8 de abril de 2017

Noticia en La Voz de Galicia sobre la regulación de espacios para los músicos

 

Los músicos callejeros incumplen la normativa municipal de espacios 

Sostienen que hay plazas asignadas por las que no pasa nadie o resultan inhóspitas


Ya en 1998, siendo edil Sánchez Bugallo, a los músicos que tocaban en las calles de Santiago se les obligaba a hacerlo bien. El Concello tenía potestad para decidir a quién se le renovaba la licencia y a quién no, «en función de la calidad del espectáculo». El concejal reconocía que a veces era difícil distinguir entre «mendicidad y música».

Y 19 años después, en esas seguimos. Santiago sigue regulando estas y otras actividades en la calle porque, como plaza turística que es, resulta muy apetecible para quien subsiste de los acordes de un instrumento, de actividades teatrales o de la venta de productos artesanos. De ahí que desde hace años sea obligatorio disponer de una licencia y adecuarse al espacio que la Concellería de Medio Ambiente e Convivencia les asigna, con renovación de los permisos cada tres meses.

Hace unos días que se dio a conocer el listado de los artistas que tienen autorización para el segundo trimestre del año y del lugar que deben ocupar para dar a conocer su arte y, de paso, hacerse con un dinero que en la mayoría de los casos es su único ingreso. Un joven que habitualmente toca el hang en la plaza del Obradoiro acudió diligentemente a renovar su licencia, pero ni siquiera se molestó en comprobar después en qué lugar le tocaba: «Yo siempre vengo a este mismo sitio, lo que hago es comprobar que no haya nadie más tocando, pero otro lugar no me interesa».

Sabe que no es lo correcto, que se tiene que ajustar a la lista rotatoria que cada tres meses programa el Concello, pero no le importa: «Casi ninguno respetamos el sitio, lo que no hacemos es molestarnos entre nosotros». Y eso que ya recibió algún aviso de la Policía Local. «Alguna vez vinieron y me dijeron que no me correspondía este sitio, pero no pasó de una advertencia verbal, yo ya les dije que en otro lugar no me interesaba». La plaza del Obradoiro sí, atendiendo a las monedas que se le habían acumulado en la mañana del pasado sábado.

Tampoco Humberto, que ameniza las calles de Santiago con canciones de toda la vida, respeta el lugar que se le asigna. «Es que me tocaba la Praza 8 de marzo, y por allí no pasa nadie». Otras veces le corresponden lugares húmedos e incómodos que para él, que arrastra 72 años y una salud que ya empieza a exigir cuidados, no son viables. Por eso, lo que suele hacer es situarse en la calle Horfas, cómodo en el escalón de la puerta de la iglesia. «A la señora del comercio de enfrente no le molesto y por aquí pasa mucha gente». No es una plaza asignada por el Concello, y Humberto, que regresó hace años de Venezuela y no tiene otro medio de vida, lo reconoce. «Ya me llegaron a casa dos escritos de la Policía Local, pero cuando vienen por aquí y me amenazan con quitarme la licencia ya les digo que aunque la pierda yo no voy a dejar de tocar, no voy a morirme de hambre ni a robar».

Entiende que no se puede molestar a la gente, pero asegura que él no lo hace. «En la plaza de Cervantes hay una señora que llama seguido a la policía. No es que molestemos, es que le molesta a ella». Y sigue, sonriente y amable, tocando los acordes que le generan una media de diez euros al día.

No se retiraron licencias

Pese a la reconocida insumisión de los músicos callejeros, su actividad no genera enfrentamientos entre ellos ni es habitual que los tengan con los vecinos. De hecho, el gobierno local no tiene constancia de que se haya retirado ninguna licencia ni haya ninguna amonestación formal contra quienes, de forma premeditada, reconocen incumplir con la normativa y no respetar los espacios asignados.

Para el segundo trimestre del año, el Concello dio autorización y asignó espacios para tocar a siete gaiteiros y cantantes líricos, a 37 músicos de otros estilos, a ocho mimos y a ocho artistas englobados en la categoría de fotógrafos y pintores, además de establecer tres turnos rotatorios para los trece que colocan sus puestos en el Franco, en los soportales de Correos.

También los vendedores ambulantes que pronto aterrizarán en Santiago para las fiestas de la Ascensión tendrán que atenerse a las normas que instruya la administración local.

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